11 de junio de 2008

Luis. Diagnosticado como ADD. Atención desde la escuela.


"Es un niño muy inquieto, torpe en sus movimientos, no puede permanecer sentado en clase. No logra ubicarse en el espacio gráfico ni controlar su motricidad fina... Constantemente pide ir al baño... la cuestión es salir del aula... Se detiene a mirar qué hacen otros niños, o simplemente corre por el patio de la escuela... Suele deambular de banco en banco, molesta a sus compañeros; a veces, pega cuando no le dan lo que pide... No es un niño que demuestre interés por alguna actividad, no quiere dibujar, colorear, escribir, cantar, etc. Le diagnosticaron ADD... Lo quieren trasladar a escuela de recuperación..."

Mi tarea en una escuela del Gobierno de la Ciudad es la de Maestra – Psicóloga, dependo de un CERI (Centro que funciona en reemplazo de los Equipos de Orientación Escolar) encargada de coordinar el 1er. ciclo; y consiste básicamente en efectuar el seguimiento psicopedagógico de los niños que manifiestan Necesidades Educativas Especiales. Habitualmente, trabajo de manera integrada en las aulas, o bien, dispongo de un gabinete para abordar aquellas problemáticas que requieren atención individualizada.

Primeros encuentros con Luis: El día que asistí por primera vez a 1er. grado, el resultado de mi observación de Luis no distaba demasiado de la descripción hecha por la docente. Efectivamente, Luis "no paró de deambular por el aula", pidió 5 veces ir al baño, en el primer bloque que comprende desde las 13.00 hasta las 14.30 horas. La próxima vez, decidí sentarme a su lado. Le propuse que escribiera la fecha y su nombre (como pidió su maestra), pero al instante comenzó a pararse y a pedir ir al baño. Fue difícil que Luis me mirara mientras le hablaba; lo invité a mi sala porque "Me gustaría que me contaras algo de vos", le dije. No respondió. Me retiré diciéndole que si quería venir él sabía dónde encontrarme. Al cabo de un rato, Luis empujó la puerta de mi sala y se quedó del lado de afuera... como pidiendo que lo vaya a buscar. Aclaro que sale del aula las veces que quiere, la docente ya no se lo impide. Lo hice pasar, pero no contestó a ninguna de mis preguntas. Mi primera impresión, fue un absoluto desconcierto, ¿por qué no me dice nada?, ¿cómo sostener esta situación?. Me sentí sola. No podía articular nada de lo que había estudiado o leído.Cuando me recuperé, pensé en la puerta que se abrió (quedando del lado de afuera Luis). Él quedaba afuera... ¿Afuera de ...? afuera de su grupo escolar, afuera del juego, afuera del aprendizaje, afuera de la línea paterna (cuestión que aclararé más adelante). Tal vez, yo, desde ese otro lugar que no es el del consultorio, podía ayudarlo a entrar.Luis se sentó y se recostó sobre sus dos brazos. Empecé a contarle un cuento... Por momentos me espiaba... Cuando finalicé el relato, Luis dijo: "Otro".

"...El tono de voz y la actitud suave, monocorde, apuntando a la contención y al sostén, hasta que el niño pueda ir escuchando tonalidades sin que estas lo perturben..." (1)
Pasados unos días de observarlo, decidí citar a la madre de Luis a la escuela. Si bien, las entrevistas con padres son harto frecuentes en las instituciones educativas, considerarla en este caso me pareció de suma importancia. No sería este el marco de un tratamiento psicoanalítico, desde ya. No había una consulta efectuada desde la familia... Pero el hecho de haberme acercado a la problemática del "ADHD", a diferentes lineamientos teóricos, a las modalidades de intervención, me abrían un panorama de trabajo diverso, para mi desempeño como psicóloga. Al menos, me sentía capaz de vislumbrar por qué Luis no atiende y no puede parar. Tenía otros elementos al alcance de la mano, aun para intervenir desde el ámbito de la Educación Especial. Entrevista con la mamá: M, una mujer joven, de 24 años, bonita pero un tanto desalineada y de aspecto sufriente, asiste a la hora convenida. No dudó en contarme su historia cuando le pregunté por Luis.

_ "Él nació el 06 de enero, el día de los reyes magos... Hizo preescolar, en el 2002, pero faltó mucho, porque nos quedábamos dormidos"Pregunto por el papá y Ana responde.

_ "Luis nunca tuvo contacto con el papá... Yo estaba en pareja, con otro hombre, hasta hace poco, porque él se fue, es muy celoso... Además quiso manosear a la nena y yo hice la denuncia en la comisaría. Tengo tres hijos: L. de 6; N. de 10; D. de 3 años... No son del mismo padre."

_"Luis lleva su apellido" (el de la madre), le digo.

_El padre no lo reconoció, responde Ana, y rompe en llanto.Dice F. Dolto, "...Y por eso es tan importante, a causa de su función, de iniciador en la Ley... que el niño haya obtenido respuesta en lo que atañe al papel que le cupo a su padre en la concepción y después de su nacimiento..."

No ser reconocido le impide a Luis entrar en una cadena generacional y, por lo tanto, la simbolización de un lugar.Hace días que Luis no quiere entrar a la escuela. Llora y se aferra a las piernas de su mamá. M. se muestra angustiada; ante esta situación, la invito a conversar conmigo y me dice que se quiere matar, que ella no le importa a nadie, que se lo dijo a los chicos. Ante esta situación se da intervención al CERI, y es derivada, de inmediato, al servicio de Psicopatología de un hospital de la zona. A los niños se los deriva al Centro de Salud de su barrio.Esta situación incrementó la desatención y la hiperkinesia de Luis. La madre había relatado, en otra entrevista, que viven en la villa, que carecen de recursos, que viven en el mismo terreno de su madre, pero en una casita, adelante. Que la relación con su madre es pésima, que muchas veces es golpeada por ella delante de los niños. M. refirió

_ "Estoy siempre deprimida, como sin salida... Además, C. (la pareja) entra y sale cuando quiere, pero cuando no está yo me deprimo..."
¿Será que Luis para sostener viva a su mamá tiene que "sacudirse" todo el tiempo; o como sostiene F. Dolto, que ayuda a una madre depresiva a no desplomarse?.
Así, es que a Luis se lo ve en un estado constante de alerta, como librado al funcionamiento de sus propias pulsiones, sin poder metabolizar esta situación, con una mamá que no puede tolerar sus propias angustias ni contenerlo. Donde este otro materno aparece desbordado, sin salida. Tuve que contenerlo, "Funcionar como aquel que puede recibir y devolver en forma modificada el estallido del otro...", al decir de W.R.Bion. Al cabo de unos días Luis pudo permanecer en la escuela, pero se acrecentó su inquietud, no había modo de que pudiera parar para hacer algo. A solas conmigo, manifestó miedos, relató las tormentas acaecidas en esos días y su temor a que se volaran los techos de su precaria casa. Pienso que sus miedos, prefiguran el "como si" de un "terreno arrasado", que lo deja hiperatento a todo, "en guardia". Habiendo recabado esta información, me aboco a trabajar con Luis. En tanto la atención es investidura, creo que algo en relación con la imposibilidad de investir el mundo, se juega en esta escena. La investidura que se logra por identificación con un otro que va libidinizando y otorgándole sentido a ese mundo (como afirma Beatriz Janin). La maestra dice que a Luis no le importa nada, que ya no sabe qué hacer, que no puede ser que nada lo frene.
¿Será que su mundo fantasmatico lo acosa y las fallas en el proceso secundario abren camino a esta motricidad desenfrenada?. Decidí llevarlo tres veces por semana a mi sala, crearle un espacio para él, donde pueda ser "reconocido" y contenido. Así, a la vez siguiente, Luis entra y revuelve todo lo que hay en mi armario, sobre la mesa, en las cajas... Toma una hoja de papel en blanco y un lápiz. Le pregunto qué quiere hacer, no me contesta pero comienza a dibujar.
Cuando le pregunto por su dibujo, Luis dice: _ "Tevez, un jugador de Boca, del Fuerte (Fuerte Apache) que tiene la cara quemada", e inmediatamente, arrojó el lápiz sobre la mesa y salió de la sala corriendo.Entendí que ese dibujo le había servido para decir algo que tal vez seguiría comunicando a través de otros gráficos o de otra forma. Dado que todo dibujo debe ser pensado en relación con una historia, como un producto, como efecto de movimientos psíquicos, su gráfico me lleva a pensar que quizás no existe una imagen especular que le devuelva a Luis un "yo unificado", que le permita moverse sin torpezas. ¿Podría deberse a las fallas en su constitución psíquica?.
Sami-Ali, dice: "...El espacio de la hoja en blanco es susceptible de funcionar como un espejo que refleja la imagen misma del sujeto... El espacio en donde se desarrolla la actividad gráfica, puede confundirse, además, con la espacialidad del cuerpo propio". Al otro día, cuando vuelve a la sala, entra y da vueltas sin parar, se sienta, se para, se vuelve a sentar. Le pregunto qué tiene ganas de hacer hoy. Se dirige al armario y toma la agujereadora de papeles. Sobre la mesa había una hoja, a la que compulsivamente llenó de agujeros. Tomé esta actitud como seguimiento del gráfico realizado el día anterior, tal como se siguen las asociaciones a un paciente, sea niño o no.
_ ¿Qué sucedió allí?, le pregunto._ "Hay agujeros, está todo agujereado ahí, no ves vos que no hay nada", responde Luis. En este no estar atento, en este deambular, en sus torpezas, parece que Luis se constituye. Quizás para llenar esos agujeros (vacíos), los de una madre depresiva que quiere matarse y se lo anuncia, los de un padre que no lo reconoció, los de un hombre (la pareja actual de la madre) "incestuoso" que entra y sale de esa casa cuando quiere, que golpea, manosea, apoderándose del cuerpo del otro... En ese goce sintomático excesivo es donde, pienso, se encuentra Luis. Algo vinculado a estas cuestiones, habría que considerar si Luis y Ana contaran con la posibilidad de un lugar para ser alojados. La próxima vez que retiré a Luis de su aula, salió corriendo y entró al baño. Me acerqué a la puerta y lo llamé. No respondía, por lo tanto le dije que iba a esperarlo afuera para trabajar juntos (esperé casi 5 minutos), y que si no lo hacía iba a ir a mi sala a esperarlo (este recurso me había dado resultado la primera vez). Comencé a caminar, como sabiendo que algo iba a ocurrir. De pronto, escucho el ruido de una piedra que Luis había arrojado en dirección a mí, al ras del piso. Me detuve, me doy vuelta y lo veo parado en la puerta del baño, mirándome. ¿Qué me había querido decir con esto?. Me acerqué e intenté que juntos creáramos una situación de juego a partir de ese acto, al modo de una intervención. Le pedí las piedras y comencé a armar en el piso el juego de la rayuela, mientras Luis ubicaba los números. Otra vez, necesitó de una contención externa para ese movimiento que tan excitante se le torna. Pudo jugar, una rato, pero era la primera vez que lo veía saltando y arrojando las piedras, dándole sentido a esa pura acción, a ese puro movimiento.Su ausentismo a la escuela es significativo. Muchas veces hay que "despertar" a esa mamá, de su estado depresivo, llamándola por teléfono a lo de una vecina para que traiga a los niños a la escuela. La última vez que trabajé con Luis quiso ver revistas. Descubrió la letra inicial de su nombre, manifestó mucha alegría con esto. Lo invité a recortarlas y pegarlas en su cuaderno. Pidió luego las letras de su segundo nombre y las de su apellido. No había demostrado antes interés por escribir su nombre. ¿Algo se inscribió?. "El proceso de libidinización y narcisización temprana es constitutivo del aparato psíquico del niño y mantiene activo el deseo por el conocimiento. Distintas formas de retracción narcisista en la función materna producen déficits identificatorios que restringen el aprendizaje". Luis, no está aun alfabetizado. Solo copia de la pizarra, y tampoco escribe su nombre completo fluidamente. Tiene muchas dificultades para controlar su motricidad, cuando escribe llama la atención la presión del trazo sobre la hoja. Esta torpeza motriz que también se manifiesta en sus constantes caídas podría pensarse como el efecto de tensiones pulsionales no integradas. Schlemenson-Wettengel-Alvarez, afirman que en estos niños "... No se habría estructurado por lo tanto un espacio de narcisización adecuado para el advenimiento de la palabra escrita en tanto soporte del narcisismo del niño (puesto que él mismo no ha sido lo suficientemente narcisizado como para efectuar un don narcisista en favor del texto)". Es decir que estas carencias vivenciadas al interior de la estructura parental primaria actuarían disminuyendo la confianza necesaria para la aventura de escribir.El trabajo, continúa. Es arduo, pero Luis está encontrando una mano que lo trae, aunque sea por algunas horas, de ese "estar en todos lados sin estar en ninguno". En estos días, a veces, logra escribir la fecha y su nombre, en su cuaderno. A veces, me pide que algunas cosas "se" las escriba yo. Algo de este plus, de este "en más" en el que se encuentra, está comenzando a ceder.
Lic. Monica Stanchi
(Ver bibliografía adjunta al caso Laila)

3 comentarios:

Lic. Iris Fernández dijo...

Mónica, me hiciste llorar... qué buen relato, qué buen trabajo, qué suerte que podés estar ahí para ese chico...

Voy a visitar tu blog más seguido ;)

pato dijo...

hola mi nombre es patricia y tengo un hijo de 9 años. Leyendo tu experiencia con Luis y vi que mi hijo tiene unos cuantos síntomas parecidos, el es muy inquieto, repitió tercer grado, y este año tiene dificultad en la escritura, tiene momento en los que no esta, es como si se tildara y cuando, como dice él, se despierta esta super inquieto, le cuesta mucho concentrarse se pone nervioso muy fácil y vive haciendo ruidos .
Yo estoy muy preocupada por él estamos con psicóloga y con la maestra tratando de sacarlo a delante, pero yo no se que mas hacer porque el esta siempre nervioso y nunca esta tranquilo.

Soraya dijo...

que buen blog y que lastima ue en provincia no hayan integradoras como en capital